Apócrifos
Retrato de Jesús
Aquí, por fin, está la respuesta que tanto esperabas. Últimamente, ha aparecido en Judea un hombre de poder extraordinario, cuyo verdadero nombre es Jesucristo, pero a quien el pueblo llama «el Gran Profeta» y sus discípulos «el Hijo de Dios». Diariamente se cuentan grandes milagros sobre él: resucita a los muertos, cura todas las enfermedades y asombra a toda Jerusalén con sus enseñanzas extraordinarias.
Es un hombre alto de aspecto majestuoso; su rostro, a la vez severo y dulce, inspira respeto y amor en quienes lo contemplan. Su cabello, color vino, cae en ondas sobre sus hombros, peinado con raya al medio, al estilo nazareno. Su frente es pura y amplia, su tez pálida y clara; su boca y nariz son perfectas; su barba es abundante y del mismo color que su cabello; sus manos son delgadas y largas; sus brazos poseen una gracia encantadora; sus ojos son azules, serenos y brillantes.
Es serio, mesurado y sobrio en sus discursos. Al reprender y condenar, es temible; al instruir y exhortar, sus palabras son dulces y reconfortantes. Nadie lo ha visto reír, pero muchos lo han visto llorar. Camina descalzo y con la cabeza descubierta. Viéndolo de lejos, algunos lo desprecian, pero en su presencia, no hay quien no tiemble de profundo respeto.
Muchos de los que se acercan a él afirman haber recibido enormes beneficios, pero hay quienes lo acusan de ser un peligro para Su Majestad porque declara públicamente que reyes y esclavos son todos iguales ante Dios. Fin.