El nombre «libros apócrifos» proviene del griego apokryphos, que significa «oculto», «escondido» o «no autorizado». Este término se utilizaba para designar los libros que quedaban fuera del canon bíblico, es decir, que no eran reconocidos como inspirados por Dios por las tradiciones judía y protestante. Estos libros surgieron principalmente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y abordan temas históricos, éticos y doctrinales. Se consideran útiles para estudiar y comprender el contexto histórico, pero carecen de autoridad doctrinal para muchas denominaciones. En las tradiciones católica y ortodoxa, algunos de estos libros son aceptados y denominados «deuterocanónicos», mientras que para los protestantes son simplemente «apócrifos». Las principales razones de su no aceptación por parte de algunos grupos incluyen dudas sobre su origen, autenticidad, idioma, su ausencia del canon hebreo y diferencias teológicas. Aun así, son valiosos para comprender la historia y la fe de los pueblos antiguos.