Acerca de Nuestro Señor Jesucristo
Poncio Pilato saluda al emperador Tiberio César. Jesucristo, a quien les he presentado explícitamente en mis últimos informes, fue finalmente entregado a un duro tormento a petición del pueblo, cuyas instigaciones seguí por temor y en contra de mi voluntad. Jamás existió ni existirá un hombre tan piadoso y austero como él. Pero lo cierto es que hubo un extraño empeño por parte del pueblo para lograr la crucifixión de este embajador de la Verdad, además de una conspiración de todos los escribas, líderes y ancianos, a pesar de las advertencias de sus profetas, o, como decimos, las sibilas. Y mientras pendía de la cruz, aparecieron señales que sobrepasaban las fuerzas de la naturaleza y que prefiguraban, según el entendimiento de los filósofos, la destrucción del mundo entero. Sus discípulos aún viven y no niegan al Maestro, ni sus obras, ni la pureza de su vida; y continúan haciendo mucho bien en su nombre. Por lo tanto, si no fuera por el temor a una posible revuelta entre el pueblo, que ya estaba casi enfurecido, quizás aquel distinguido hombre aún estaría entre los vivos. Atribuyo, pues, más a mi lealtad hacia ti que a mi propio capricho, el hecho de no haberme resistido con todas mis fuerzas a que la sangre de un hombre justo, libre de toda culpa pero víctima de la maldad humana, fuera perversamente vendida y sufriera toda la pasión. Además, como dicen los intérpretes de sus escrituras, perdonarle la vida resultaría en su propia ruina. Adiós. Quinto día de las calendas de abril. Fin .