Libros apócrifos
(Nicéforo Calixto)
Jesús tenía un rostro bellísimo y vivaz; su cabello era rubio, no muy abundante y ligeramente ondulado; sus cejas eran negras y ligeramente arqueadas. Sus ojos color aceituna brillaban con una expresión admirable. Su nariz era recta, su barba rubia, no muy larga, y su cabello bastante largo, pues ninguna navaja ni mano humana había tocado jamás su cabeza, excepto su madre en su infancia. Mantenía el cuello ligeramente inclinado, para no parecer arrogante. De tez clara, su rostro no era ni redondo ni alargado, sino más largo que ancho y ligeramente sonrosado, como las mejillas de su madre. Seriedad, prudencia y serenidad se unían y brillaban en su semblante. En una palabra, era completamente igual a su madre. Fin